Vivimos en un mundo en donde cada día la tecnología nos sorprende con cosas nuevas e innovadoras. Estamos rodeados de muchos distractores que en el momento del trabajo pueden convertirse en enemigos de la productividad y aliados de la procrastinación. La tecnología nos hace más eficientes, pero a la vez un poco más inútiles y eso sucede porque nos facilitan tanto las cosas que ya no nos esforzamos a nuestro máximo.

No me malinterpretes, no tengo nada en contra de la tecnología, pero soy partidario de ser un poco menos dependiente a ella. Mi problema de la tecnología viene acompañado de una adicción que desarrollé por las redes sociales, no podía estar ni un segundo sin ver mi teléfono y a cada instante actualizaba el Facebook y el Instagram.

En ese momento enterarme de los chismes de mis amigos, relaciones sentimentales y actividades era más importante que mis estudios y mi trabajo. De verdad, era algo automatizado en mi cerebro, solo levantarme y coger el teléfono, era un hábito, de los malos, pero hábito, al fin y al cabo.

El problema con las redes sociales es que nos absorben de forma inimaginable, algo que no ayuda es que ahora todo se mueve por esas plataformas. Cuando tratamos de enfocarnos en nuestro trabajo somos incapaces de dejar las redes sociales de lado, incluso si nos lo proponemos.

Es una realidad que vivimos dependiendo de los aparatos tecnológicos, al fin y al cabo, nos hacen la vida más fácil. Sin embrago, no está de más darnos un respiro y dejarlas de lado de vez en cuando, sobre todo cuando tenemos que concentrarnos en cosas más importantes. Existen muchas formas de minimizar nuestra estancia en las redes sociales, aplicaciones que bloquean las plataformas y muchas cosas más, pero lo más importante es la decisión que pongamos en ello.