Progreso del Lección
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Pierre Steel menciona en su libro que en nuestro cerebro existen dos vertientes, el sistema límbico y la corteza prefrontal, el primero es el que se encarga de centrarse en el ahora, desea la recompensa inmediata y es muy fácil que caiga en las tentaciones para obtenerlas.

Por eso cuando vemos los comerciales la mayoría de las veces terminamos comprando el producto, eso es algo que los expertos en Mkt y publicidad saben explotar muy bien para vender sus artículos. Accionan nuestros impulsos y hacen que deseemos lo que nuestro cerebro ve en ese momento sin importar si dejamos de hacer las cosas que deberíamos estar haciendo.

Luego está la corteza prefrontal que es la capacidad que tenemos de visualizar las cosas a futuro, sabemos que esa labor nos dará mejores beneficios a largo plazo, pero en muchas ocasiones no somos lo suficientemente capaces para esforzarnos hasta conseguir nuestro objetivo.

Un ejemplo es cuando nos visualizamos como personas exitosas, conduciendo un auto de lujo, viviendo en una mansión y llevando la vida que siempre queremos. Ahí usamos nuestra corteza prefrontal porque sabemos realmente lo que queremos y lo que debemos hacer para lograrlo.

Sin embargo, también existe el sistema límbico que nos tienta a recibir las recompensas inmediatas sin importar que no sean las que traen los mejores beneficios para nuestra vida.

Aunque estas dos trabajan juntas a la hora de tomar decisiones, el sistema límbico siempre ganará si la tentación es muy cercana e intensa. Es por eso por lo que en la mayoría de los casos nuestra corteza prefrontal siempre acaba perdiendo.

No es de sorprenderse, hoy en día tenemos todo a la mano y estamos a solo un clic de perdernos en mundo de distracciones. Es decir, caemos en las tentaciones porque son muy intensas y están al alcance.

La procrastinación se aprovecha de nuestra debilidad entrando en acción y activando un potente repelente hacia el trabajo, lo cual hace que sea casi inútil enfocarnos en lo que debemos.

Nuestro cerebro está programado para optar por lo más fácil. Es como cuando nos dan a elegir entre realizar dos tareas: la primera tiene una recompensa pequeña, pero las horas de trabajo son mínimas, la segunda son horas de trabajo extenuantes, pero la recompensa es mucho mayor ¿cuál eliges?

Podrás decir que la primera, pero no serías muy sincero, la mayoría de las personas elegirían la primera opción, mínimo esfuerzo y recompensa media. No pensamos en el futuro y no caemos en cuenta que a la postre podemos duplicar la recompensa con un esfuerzo de trabajo extra.

No solo pasa con los humanos, James Mazur, un prestigioso psicólogo de la Universidad de Harvard demostró que los animales también procrastinan. Mazur adiestró a dos palomas para trabajar en dos horarios diferentes ofreciéndoles la posibilidad de elegir el que más les guste.

Los dos tenían el mismo premio, una golosina cumpliendo el mismo horario de trabajo. Sin embargo, el primero empezaba con un periodo corto de trabajo y después un descanso largo. El segundo comenzaba con un descanso largo y terminaba con el triple de trabajo que el primero.

Las dos podían decidir qué hacer, si trabajar poco primero para después tener un largo periodo de descanso o tomárselo con calma y descansar primero, aunque esto significara trabajar mucho más. En efecto las palomas decidieron decantarse por la segunda opción demostrando ser procrastinadoras, pospusieron la tarea pese a que les esperaba una carga de trabajo mayor.

Con nosotros pasa lo mismo, a la hora que decidimos procrastinar no nos damos cuenta si elegimos o no la mejor opción en ese momento, simplemente porque estamos acostumbrados a ir por las recompensas inmediatas y en muchas ocasiones las tentaciones nos ganan haciendo que cedamos ante ellas.

Debemos ser capaces de tener esa visión a futuro y empezar a reforzar nuestra capacidad prefrontal, eso nos hará tomar mejores decisiones llevándonos a obtener mejores recompensas y grandes beneficios.

Hay otros dos factores que están implícitos, pero que también son importantes, el dolor y el placer. Cada vez que decidimos procrastinar estamos perdiendo oportunidades, quizá no lo sepamos en ese momento, pero a lo mejor estamos dejando escapar una gran oportunidad de trabajo, de convivir con la familia o amigos, de mejorar tu vida e incluso de conocer a la mujer de tus sueños.

Cuando nos damos cuenta de lo que hemos dejado escapar por no aprovechar las oportunidades que tuvimos empezamos a sentir culpa, es ahí cuando el arrepentimiento hace su aparición diciéndote al oído muy lentamente “te lo dije”.

Toma acción para evitar sentir la culpa de dejar ir grandes oportunidades, cuando tengas una en puerta simplemente visualiza tu futuro pensando en lo positivo que podría ser para ti, así como en los grandes beneficios y recompensas que podría traerte.

Empieza a construir una imagen ganadora, eso te motivará mucho más, te dará el impulso para elegir las mejores opciones y comenzar a recibir los mejores beneficios, trabaja por ello hasta conseguirlo.