Desde niño soñé con explorar mi potencial como ser humano, quería hacer grandes cosas y tener un impacto positivo en el mundo. No veía la hora de crecer, creía que los adultos estarían construyendo cosas, haciendo descubrimientos, leyendo libros de ciencia y filosofia, pero pronto percibí que los adultos se parecían más a los niños de lo que yo imaginaba.

En poco tiempo pasé de idealista a cínico, y luego desemboqué en el nihilismo. Me convertí en lo que yo más odiaba y esta web es un intento de hacer las paces con mi Yo de 8 años. Rodrigo y yo trataremos de aportar contenido útil para los que deseáis mejorar en algún aspecto, sea éste llevar una vida más sana, alcanzar la libertad económica o trabajar en el desarrollo de vuestras virtudes.

¿Quién está por detrás de todo ésto?

Somos dos amigos totalmente diferentes el uno del otro, aparte del deseo de tener una influencia positiva en el mundo, no tenemos nada en común. 

Es curioso cómo se desarrollan las cosas, cómo una persona arrogante y otra humilde, uno con ligeras tendencias al maquiavelismo y el otro a la bondad e inocencia, se unen y dejan de lado sus diferencias para poder trabajar en algo más grande que ellos.

La misión de Hackeando Existencia es aportar herramientas, que en las manos adecuadas, permitirán retomar el control del barco que dirige nuestras vidas. 

Aquí quienes somos no importa, creemos que la capacidad de auto-sacrificio y de renunciar al ego es lo que nos hace hombres. 

Estamos lejos de ser perfectos, pero nos esforzaremos por compartir todo lo útil que hemos aprendido a través de errores, auto-reflexión, incontables libros leídos y experiencias de vida.

Vinicius Limitless

No tengo nada interesante que decir sobre mí, así que en vez de aburrirte con una descripción superficial de quien soy o presumir de mis logros, compartiré un pequeño texto:

Tao Te Ching – Capítulo 20:
La gente solo se distrae; solo el sabio piensa.

Todo el mundo se distrae y disfruta, como cuando se presencia un gran sacrificio, o como cuando se sube a los jardines de una torre en primavera.

Solo yo doy cabida a la duda, no copiando lo que otros hacen, como un recién nacido que aún no sabe sonreír.

Como quien no sabe a dónde dirigirse, como quien no tiene hogar. Todo el mundo vive en la abundancia, solo yo parezco desprovisto.

Consideran mi mente como la de un loco por sentir umbrías confusiones y críticas. Todo el mundo brilla porque solo las luces buscan, solo yo me  atrevo a transitar por las tinieblas. 

Todo el mundo se conforma con su felicidad, solo yo me adentro en mi depresión. Soy como quien deriva en alta mar, voy contra la corriente sin un rumbo predestinado.

Todo el mundo es puesto en algún uso; solo yo soy un ermitaño intratable y aburrido. Solo yo soy diferente a todos los demás porque aprecio a la Madre Naturaleza que me nutre.

Rodrigo Vázquez

Soy periodista y tengo mucho orgullo de mi carrera, pero me gustó la idea de dejar nuestro ego de lado pues en Hackeando los importantes son ustedes. Aquí les dejo mi pequeña aportación:

Manual de Vida de Epicteto –  Capítulo 51:
Practicar

Ya no eres un niño, sino un hombre hecho. Si te descuidas y emperezas, y siempre vas cambiando de propósito, si todos los días dejas para otro día el cuidar de ti mismo, sucederá que, ni te darás cuenta de que no haces progreso alguno, y perseverarás sí, pero en tu ignorancia, tanto al vivir como al morir.

Desde ahora entonces, comienza a juzgarte digno de vivir como un hombre, y como un hombre que ha hecho ya algún progreso en a sabiduría, y que todo lo que te parece bello y bueno sea para ti una ley inviolable.

Si se presenta alguna cosa grata o desagradable, honroso o deshonroso, recuerda qué hora es el momento de luchar, que los juegos Olímpicos se han abierto, que no es tiempo de diferir más, y que, depende en un solo día y de una sola acción de coraje o de cobardía, tu avance o tu pérdida.

Es así como Sócrates alcanzó la perfección, sirviéndose de todas las cosas para su progreso, y no siguiendo sino la razón. Por ti, aún cuando no seas como Sócrates, debes vivir como alguien que puede llegar a ser como él.

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